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Pensar Educativo: Desde el cristal de la pedagogía musical


Jennifer Moya Gil

06/03/2018 | 08:00:00

La educación musical responde entonces a la proliferación de conocimientos artístico-musicales desde la escuela; es rol preponderante de los claustros educativos, concebirla con el carácter de importancia tal y comparable con las matemáticas, la biología u otras ciencias. El lanzar la mirada histórica desde el origen a los nuevos paradigmas de la enseñanza musical, vuelca especial interés en los afanes pedagógicos implementados, no desde la perspectiva de conservatorios de música clásica o las expresiones del canto coral, sino desde el ángulo abierto de la revelación del alma de los pueblos, la música popular y tradicional, símbolo de identidad cultural o legado de las sociedades. El arte de enseñar música que viene de adentro no ha de ser un camino fácil, la acción pedagógica como camino forjador de saberes musicales, ha de estar circunscrita en el especial hecho de que la música tradicional es el instrumento por excelencia que comunica el alma de los pueblos, en tanto es la reveladora de los anhelos, deseos, tristezas, penas y alegrías de sus habitantes, por ende es más que música, es vida. 

 

La acción educativa en ese sentido, conduce a una profunda reflexión que responda a qué, cómo y para qué se enseña. Conexo se imprime relevante importancia a la acción del docente en respuesta a este trío de interrogantes, tal consideración aflora un repensamiento del sujeto que enseña; esto hace ostensible, que el mismo ha de ser inexorablemente músico de formación académica, pedagógica y vivencial, con sólidos conocimientos de las más emblemáticas manifestaciones del pueblo y para el pueblo; esto implica una fuerte conexión de docencia con experiencia, de la convergencia teórico-práctica de saberes musicales, desde lo ancestral, hasta lo actual, desde el cuatro hasta la guitarra eléctrica, desde las cadencias tradicionales hasta lo que hoy muchos han llamado Neo-Folklore, término este que ha de pensarse y cuestionarse.

 

Al respecto, Díaz (2010) establece la necesidad de que

 

“el docente aborde también otras dimensiones propias del ser humano y su integralidad. Corresponde considerar la dimensión volitiva, que se refiere a la percepción que desde pequeño se forma en el individuo en relación con su mundo y con ese tejido internacional, nacional y local que forma parte del entorno en el cual vive”(p.21).

Es obvio que no se puede enseñar lo que no se conoce, así como también es obvio, que lo que se conoce de forma parcial también se transmite de manera parcial y se filtra cual efecto embudo, dejando en los educandos vedas de conocimiento. El docente de música ha de ser fiel conocedor de lo que enseña, y no sólo de ello, sino que debe estar conectado extrasensorialmente con cada raíz, cada árbol, cada calle y cada pedacito de gente circundante, con su música, sus tradiciones y costumbres; un fiel cultor popular de su pueblo y su gente, que ame cada espacio geográfico, cada compás y nota musical, que al decir de la poesía y al son de la armonía, exprese las más profundas pasiones de su tierra. Este sentido de apego, corresponde al anclaje y sensibilidad de un despertar hacia el reconocimiento de lo propio; solo quien logra beber de esta savia, podrá académica y pedagógicamente, transmitir un sentir y saber de pueblo a las nacientes generaciones; de lo contrario, solo habrá una carga de conocimientos sin sentido, de música sin vibra, de un abanico de notas y acordes vacios que retumban al oído, pero no viajan por el torrente sanguíneo, y hacen estallar corazones.

La acción pedagógica de la educación musical, debe estar circunscrita entonces hacia la transmisión de un bagaje de contenidos programáticos y curriculares que respondan a esta necesidad de hacer música de su gente para su gente, y esto no es precisamente con miras a formar grandes musicólogos y expertos cultores tradicionales y populares desde la escuela, porque es obvio que existimos en el mundo personas que nacimos con el don para ser músicos y otros que sencillamente nacimos para amar, oír y disfrutar la música, pero en cualquiera de las instancias esto resulta posible, solo despertando ese sentido de sensibilidad, amor y pasión por lo propio, concibiendo así a la educación musical desde el cristal de una pedagogía que dirija la proa hacia el fortalecimiento de la identidad musical regional y nacional, en tanto comunique, transmita y revele, las más profundas pasiones y vivencias de los pobladores. La pedagogía de la educación musical entonces debe orientarse a la instauración de bases sólidas para ver lo propio, lo que es lo mismo, sellar la música cual cédula de identidad en cada educando; a partir de esta premisa entonces es posible abrir brechas hacia el conocimiento y aceptación de lo de otros desde otra óptica; es como el hecho mismo de querer primero a mis hijos que los hijos de los demás, sin que exista una negatividad o imposibilidad de compartir y aceptar a esos terceros.  

A propósito de ello, Gómez (2010), refiere que la pedagogía ha de ser un buen referente para transformar la realidad y la vida misma del educando y que el quehacer pedagógico debe orientarse a problematizar los escenarios donde éste circunde, con el fin de evidenciar inversiones ideológicas legitimadoras de la desigualdad en nombre de la igualdad, o que en nombre de la diversidad, justifiquen la homogenización cultural y la dictadura del pensamiento único.

Finalmente, la educación musical no se aleja de tales argumentaciones, en tanto musicalmente somos diversos, de allí que el proceso educativo,  en este sentido, debe abrir caminos que conduzcan, una vez instaurado lo nuestro, a complementarnos y nutrirnos de otras culturas musicales, como estrategia de fortalecimiento del intelecto musical del educando, el análisis de otras corrientes armónicas, rítmicas y melódicas, como bases que recuerden que no estamos solos en el mundo, que hay gente que existe y que es capaz de maravillarnos con sus creaciones, de inspirarnos para crear nuevas tendencias e incluso de hermanarnos, fusionando saberes de distintos pueblos.

moyajennifer12@gmail.com

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