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Pensar Educativo: La educación en la miseria


Javier Vivas Santana

22/05/2018 | 08:00:00

Realizado un cuestionado evento electoral en el cual, según cifras oficiales, la abstención superó el 50% del registro electoral, es decir, más de 10 millones de venezolanos quienes se negaron a ejercer el derecho al voto, queda en evidencia que no vivimos los mejores tiempos de nuestra historia.

En efecto, irónicamente, esos espacios que en su mayoría son los planteles, sirvieron de centros electorales, y cuyas imágenes nos mostraron la ausencia de los venezolanos para ir a votar por el candidato de su preferencia, son las escuelas o liceos que abandonados y prácticamente destruidos en su infraestructura, tienen que asistir nuestros niños y adolescentes para recibir la “educación” en un país que algunos llaman “potencia”.

En esos planteles, cuyas aulas tienen las paredes carcomidas por la humedad, o se divisa el deterioro por falta de pintura, o donde el techo está agrietado o tiene severas aberturas, y además las instalaciones sanitarias se encuentran totalmente destruidas, sin laboratorios, ni canchas deportivas, y lo que es peor,   en donde desde hace mucho tiempo no se recibe dotación de materiales ni instrumentos pedagógicos, y muy rara vez, los estudiantes reciben alimentación, como de manera curiosa ocurrió en los días cercanos a la “elección presidencial”, fue en tales infraestructuras en las cuales se llevó a cabo la “reelección presidencial”.

Cuando está por finalizar otro año escolar, como padre, docente, y sobre todo ciudadano, estoy en la obligación de levantar mi voz ante el deterioro absoluto del sistema educativo. No solamente es la deserción escolar en todos sus niveles (inicial, primaria, bachillerato, universitario), sino que la carrera docente ha sido aniquilada como esencia de la enseñanza y del aprendizaje. Pero en la misma medida avanzan el resto de las profesiones. Hoy, nuestros niños, adolescentes y jóvenes no encuentran importancia sobre los estudios, porque no encuentran en ellos, la posibilidad de desarrollarse y progresar. Y eso es sumamente lamentable y deplorable.

Hemos llegado a un punto de nuestra historia, en el cual, al parecer quienes gobiernan no ven la magnitud del descalabro social que estamos confrontando. Y mientras eso ocurre, la familia, que una vez escuchamos en las aulas era la “célula fundamental de la sociedad”, también se ve afectada por un éxodo no sólo de sus integrantes, sino de estudiantes y de educadores, lo que termina de agravar la situación.

Urge recomponer el tejido social que se forma desde la escuela, el liceo y la universidad. Pero ello, sólo será posible si quienes controlan el Estado entienden y comprenden que la educación no sólo es el pago de una simple nómina con salarios miserables. La educación es el centro de la formación tanto de un ser humano como de integración de un país. Sin educación no existe ni podrá existir ningún tipo de avance político, ni económico, ni social. Esa es la razón por la que los pueblos, o terminan sumidos en un permanente atraso, o por el contrario encuentran en sus componentes y niveles el camino hacia la auténtica eudaimonia.

Seguir pensando que la educación responde sobre los intereses del gobierno de turno, y que a su vez, esos intereses tienen que estar supeditados al culto a la personalidad de la figura presidencial, así como potenciar la doctrina ideológica que mejor convenga a determinado partido político, pues eso significa la muerte de la educación.

Por ahora, nuestra educación está en la miseria. O los docentes junto con la familia nos unimos en un solo bloque por hacer valer del derecho a la educación de nuestros hijos, u otros terminarán enterrando la única esperanza de un país.

 

@jvivassantana

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