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Pensar Educativo: El docente desde el arte y la unidad curricular


Maria Margarita Galindo

20/03/2018 | 08:00:00

La formación docente es definida como el proceso de capacitación que recibe el individuo que aspira o se desempeña en el campo educativo. Este proceso de formación es responsabilidad otorgada al sector universitario, a las universidades como tal les corresponde asumir el rol de formadores de docentes.

En el caso particular de Venezuela existe el denominado Sistema de Formación del Docente Universitario, el cual se ejecuta bajo la responsabilidad del Ministerio del Poder Popular para Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología. Dicho sistema forma parte del plan de formación docente que el gobierno proyectó implementar durante el lapso 2013-2019 y que se enmarca dentro del denominado Plan de la Patria – Segundo Plan Socialista de Desarrollo Económico y Social de la Nación. Este punto en especial determina que este plan determina políticas de gobierno y no de Estado, es decir, su continuidad obedece más a intereses de carácter transitorio en lo político, que como una política pública de continuidad educativa.

Tal situación se puede constatar en la Constitución Nacional en su artículo 212 el cual señala: “Al texto de las leyes precederá la siguiente formula: “La Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela, decreta:”. El Plan de la Patria no se constituye en una ley porque no cumple los requisitos establecidos en la carta magna en su Sección Cuarta: De la Formación de las Leyes; y además La Gaceta Oficial Nº 6118 donde se publica el contenido del mismo define claramente en su sumario que el Plan de la Patria es un acuerdo, no una ley.

Pero, ¿Por qué decimos que el Sistema Nacional de Formación del Docente Universitario se convierte en una política de gobierno y no de Estado? ¿En cuáles políticas públicas se traduce este requerimiento? El documento en cuestión alude la formación inicial (conformación de redes e intercambio de saberes) y la formación permanente (ámbito de estudios avanzados: especializaciones, maestrías, doctorados), lo cual evidencia que en la formación inicial no existe preocupación por preparar docentes/investigadores y de igual forma, se continua delegando en los estudios de Postgrado (no obligatorios) la formación para la investigación, o sea, una desvinculación entre los niveles universitarios y los que controla el Estado a través del Ministerio del Poder Popular para la Educación (MPPE).

Por otro lado, el Estado Venezolano, creó el Sistema Nacional de Investigación Formación Permanente del Magisterio (2014) como una política pública que sigue enmarcada como política de Gobierno, pues este sistema tampoco está contenido en una Ley del Estado.

Ahora bien al revisar el documento se encuentran elementos que reconocen la necesidad de vincular la formación con la investigación. Para ello, el documento plantea 14 líneas de investigación: Currículo, Gestión Escolar, Clima Escolar, Desempeño Institucional, Supervisión, Escuela, Familia y Comunidad, Carrera Docente, Educación y Trabajo, Educación Intercultural, Educación y Ecología, Educación no Formal,  Escuelas Rurales, Infraestructura Escolar y Salud Sexual y Reproductiva. Nuevamente habría que preguntarse: ¿Dónde queda el arte como política de Estado y escenario complementario de la educación tanto en el sistema educativo formal como no formal?

En este sentido, la interrogante que surge es: ¿Tenemos un docente de aula formado para hacer investigación artística desde su propia práctica docente?, ¿Podrá reconocer lo que es el arte como factor importante en su función docente? ¿Cuál es lo novedoso del sistema?

La investigación del arte debe tener correspondencia desde todos los niveles del sistema educativo, la investigación debe ser parte del ser, saber y hacer docente, lo cual requiere planificación, formación, pertinencia, motivación, estímulo y apoyo, es por ello la necesidad de convertir la formación del docente/investigador en un programa curricular, lo cual implica hacer de la investigación base de la enseñanza desde la formación inicial del docente.

Significa entonces que nuestra universidad para formar un docente/investigador en el componente del arte de manera efectiva hacia todos los niveles de la educación, también implica que nuestra universidad sea generadora de sus experiencias hacia el bachillerato, pero para ello, también es necesario que el Estado a través de los entes educativos, permita la integración de los docentes y las comunidades y poblaciones educativas, conforme con todos los aspectos que pudieran definirse como arte de acuerdo con lo que ha sido expuesto; pero para alcanzarlo resulta necesario un ordenamiento jurídico que facilite e integre las diversas etapas de nuestra educación.

mariagalindo2008@hotmail.com

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